El discurso de la Neoderecha, una alternativa económica y otros discursos


Raffaele  Simone, en su libro El monstruo amable, nos habla de la crisis de la izquierda y de la Neoderecha, cuál es su discurso dominante y cómo actúa contra aquellos que no están de acuerdo con ellos. Sin embargo, lo más interesante de su análisis es que trata a la Neoderecha como una cultura, la cultura mayoritaria de occidente: “Se trata de una cultura, más que de una fuerza política concreta: sí, es cierto, se polariza más en algunos partidos que en otros, pero, al ser impregnante, influye en todo el combinado social, incluyendo las capas que, al ser efectivamente de izquierdas, debería encargarse de hacerle frente. Dada su difusión capilar, y teniendo en cuenta que sus manifestaciones pueden observarse por doquier, la cultura de la Neoderecha puede contemplarse, admirarse, desearse y si es preciso imitarse sin dificultad. Ni siquiera es necesario crear sistemas de adoctrinamiento para difundir sus principios: para absorberla basta con hacer caso a los medios (sobre todo a la televisión), mirar a nuestro alrededor y vivir”.

¿Por qué ocurre eso? Simone lo explica. En primer lugar, “La Neoderecha es tecnológica y capitalista, pero de un capitalismo más financiero que industrial. El motivo es sencillo: las industrias implican obreros (es decir, sujetos potencialmente peligrosos), las finanzas solo empleados y funcionarios, mucho de los cuales son invisibles para su patrón, e incapaces de ver y comprender quién es el patrón.”

En segundo lugar, “El Archicapitalismo está dotado de una especificidad que resulta ser nueva en la historia: acumula beneficios no ya únicamente (como en la forma tradicional) explotando a sus trabajadores, sino también captando y oprimiendo a propia clientela mundial. Esta se ha dejado envolver (sin que nadie de la izquierda se diera cuenta) en una espiral donde se combinan una variedad de factores que ya no son solo económicos, sino que afectan a varias dimensiones de la vida individual y asociada: publicidad, producto, mercadotecnia, crédito fácil para el pequeño consumo, deseo de diversión y de evasión, esperanza de seguir siendo jóvenes durante mucho tiempo y de obtener prolongados placeres de la vida sexual, una vaga aspiración a una vida abundante y descarada, una veladura de espiritualidad religiosa y de pathos… En este envoltorio transparente, los ciudadanos, transformados en clientes y condenados al estado de puerilidad (es decir, de usuarios y consumidores) han sido “fidelizados”, hechos cautivos de la voluntad del vendedor, que podrá hacer con ellos más o menos lo que le dé la gana. Ya no pueden sustraerse a al espiral del consumo festivo y fastuoso, porque eso se ha convertido en uno de los mecanismos cruciales de la vida globalizada, es decir, de sus vidas.”

“Más que el trabajador, hoy en día es el cliente quien debería sentirse asediado cada vez que ve una misma marca presente en todo el mundo, o que se topa con un sistema de servicios o con una multinacional que opera en todo el planeta. A primera vista, esa presencia puede parecerle tranquilizadora: contar con cosas conocidas es un factor de seguridad. Después se da cuenta de que esas marcas no le prometen únicamente bienes y servicios, sino que también le anuncian fidelización y explotación, dondequiera que se encuentre. Sin embargo, la servidumbre es invisible, porque, a pesar de la extrema dureza de su forma de proceder, esos poderes le han dado a la Neoderecha –su manifestación político-cultural- un rostro afable, festiva y friendly. En efecto, parece estar a la moda, es occidental en in, dado que sus instancias encajan perfectamente con determinados rasgos de la modernidad de masas en su forma actual. (…) “El mercado y el consumo son para la Neoderecha la verdadera misión de la modernidad.”

Las conclusiones de Simone son bastante deprimentes si quiere mantener una actitud de izquierdas, sobre todo porque no ve un discurso claro que trascienda la coyuntura actual y proponga un nuevo sistema o pensamiento. Sin embargo, y aunque él lo pueda considerar un pensamiento débil, en Europa existe un movimiento que aboga por la Economía del Bien Común, que intenta combatir con propuestas realistas cambiar la actual tendencia. Quizá debamos escuchar y analizar este tipo de propuestas para ver si existe una forma de ser de izquierda sin pensar que es antinatural la ideología de izquierdas.

Aquí tenemos una sencilla y clara explicación en qué consiste la Economía del Bien Común.

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Archivado bajo Comunicación, Economía, Storytelling

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