El consumidor perfecto, el espejismo de libertad y cómo lo utilizan los partidos políticos neoliberales. Reflexiones de Zygmunt Bauman


El mayor éxito del capitalismo y neoliberalismo, gracias a las aportaciones de los profesionales de la comunicación corporativa y la publicidad, ha sido la creación de una sociedad cuyo principal motor es el consumo. Las personas construyen su identidad a través del consumo, y en tanto consumidores son capaces de renunciar a cualquier derecho y conquista social con tal de mantener su estatus de consumidor.

Ya vimos en el documental “The Century of the Self” de Adam Curtis, cómo se utilizó el psicoanálisis para transformar a los ciudadanos en consumidores, convirtiendo la satisfacción de su Yo en su principal fin. En este sentido el sociólogo Zygmunt Bauman, Premio Príncipe de Asturias, aporta unas reflexiones y claves para entender el momento actual y la fuerte dependencia del ser humano al consumo.

Lo primero que recuerda es cómo el concepto de felicidad se ha ligado al consumo:

“Como señaló Freud antes del comienzo de la era del consumo, la felicidad no existe como estado; sólo somos felices por momentos, al satisfacer una necesidad acuciante. Inmediatamente surge el aburrimiento. El objeto de deseo pierde su atractivo ni bien desaparece la causa que nos llevó a desearlo. Pero el mercado de consumo resultó ser más ingenioso de lo que Freud había pensado. Como por arte de magia, creó el estado de felicidad que –según Freud– resultaba inalcanzable. Y lo hizo encargándose de que los deseos surgieran más rápidamente que el tiempo que llevaba saciarlos, y que los objetos del deseo fueran reemplazados con más velocidad de la que se tarda en acostumbrarse y aburrirse de ellos. No estar aburrido –no estarlo jamás– es la norma en la vida de los consumidores. Y se trata de una norma  realista, un objetivo alcanzable. Quienes no lo logran sólo pueden culparse a sí mismos: serán blanco fácil para el desprecio y la condena de los demás.”

Según Bauman, “El mito del consumidor exigente, y el del mercado como proveedor de la libre elección y guardián de la libertad de expresar preferencias, se alimentan y cultivan recíprocamente. (…) El buen consumidor es el que aprecia el derecho a elegir más que el objeto que se elegirá, y celebra sus visitas al mercado como la pública manifestación de su sabiduría”.

Y aquí es donde los partidos mayoritarios que han abrazado las tesis neoliberales, encuentran el discurso que ha sido aceptado por la mayoría de los ciudadanos, ya convertidos y tratados como consumidores.

“En estos años recientes, representantes de todo el espectro político hablaban al unísono, con añoranza y deseo, de una “recuperación dirigida por los consumidores”. Se ha culpado con frecuencia a la caída de la producción, a la ausencia de pedidos y a la lentitud del comercio minorista por la falta de interés  o de confianza del consumidor (lo que equivale a decir que el deseo de comprar al crédito es lo bastante fuerte como para superar el temor a la insolvencia). La esperanza de disipar esos problemas y de que las cosas se reanimen se basa en que los consumidores vuelvan a cumplir con su deber: que otra vez quieran comprar, comprar mucho y comprar más.”

Se acuerdan de la frase al final del mitin de cierre de campaña del actual Presidente de Gobierno, “Ahora a consumir”.

Por lo tanto, lo que ofrecen a los votantes es una bajada de impuestos. Lo importante es que consuman para mantener la maquinaria de la producción y seguir cosechando beneficios, sin importarles lo que eso implica. Además, el discurso subyacente es debilitar al Estado haciéndoles creer que derrochan los recursos públicos. Es la batalla que las grandes corporaciones empezaron a librar haya casi un siglo y así lo establecieron como uno de sus objetivos de comunicación. (ver post “Todo comenzó hace casi cien años),

“El eslogan “más dinero en los bolsillos del contribuyente” –tan difundido de un extremos a otro del espectro político, al punto de que ya no se le objeta seriamente– se refiere al derecho del consumidor a ejercer su elección, un derecho ya internacionalizado y transformado en vocación de vida. La promesa de contar con más dinero atrae al electorado, y no tanto porque permita un mayor consumo sino porque amplía sus posibilidades de elección, porque aumenta los placeres de comprar y elegir. Se piensa que esa promesa de mayor capacidad de elección tiene, precisamente, un asombroso poder de seducción. (…) Adoptar la actitud del consumidor es, ante todo, decidirse por la libertad de elegir.

Hoy, la mayor parte de los votantes medios parecen sentirse más seguros si ellos mismos administran su asuntos. Necesitan, todavía, un seguro contra la mala suerte y otras contingencias, pues no las controlan mejor que sus padres, pero suponen que el tipo de seguro que pueden comprar en forma privada les ofrecerá más y mejores beneficios que los servicios de baja calidad que el Estado les proporcionaría. No es tanto una cuestión de confianza sino una simple reflexión: cualquier forma de confianza en sí mismos es mejor que riesgos inevitablemente acarreados.

Limitar los beneficios de los servicios estatales al segmento políticamente marginado del electorado resulta, así, una receta perfecta para bajar la calidad de esos servicios a un nivel que, a los ojos de los segmentos algo menos empobrecidos, determinará que, en comparación, hasta la más dudosa de las aseguradoras privadas parezca un lujo. (…) El descenso constante en la calidad de los servicios es el mejor argumento contra el costo que representan: su calidad está llegando a un nivel tan bajo que, para la mayoría del electorado, cualquier cifra destinada a ellos es dinero arrojado a la basura.

El mensaje implícito es: la necesidad de asistencia indica el fracaso para vivir al nivel de la mayoría, que no parece tener dificultades para alcanzarlo. Solicitar un beneficio es, por tanto, admitir ese fracaso”.

Este pensamiento se ha reforzado en los años de espejismo económico que ha permitido disfrutar a la mayoría de los ciudadanos de un nivel de vida impensable a su realidad económica gracias a un endeudamiento brutal que ahora para factura.

Para finalizar, este genial video del blog de Alexis Saló http://estepaissevaalamierda.wordpress.com/.

Referencias: BAUMAN, Zygmunt: Trabajo, consumo y nuevos pobres, Gedisa, Barcelona, 2000

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Archivado bajo Comunicación, Economía, Sociología, Uncategorized

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