Todo comenzó hace casi cien años en EE.UU.


El otro día leyendo la columna de opinión de Isaac Rosa en Público No hagamos demagogia con los beneficios, me hizo reflexionar sobre la pasividad general de la sociedad ante noticias, sobre todo económicas, que demuestran cómo está interiorizado el discurso neoliberal. Como anunciaba en la primera entrada de este blog, tenemos plenamente asumido un discurso neoliberal y posmoderno en el que los beneficios de las grandes corporaciones se contemplan con buenos ojos y la famosa frase “What is good for GM is good for America” (“lo que es bueno para GM es bueno para los EEUU”) que dijo Charlie Wilson, presidente de General Motors (GM) en 1955, es una verdad no solo aceptada sino que la consideramos esencial para garantizar nuestro bienestar.

Pero, ¿cómo se ha llegado a esto? Solamente unas pinceladas de historia para entender que no es producto de la casualidad, sino que es la consecuencia de una estrategia planificada hace casi cien años. Para ello, me permito citar a Stuart Ewen y su libro “PR! A social history of Spin”, Basic Book, New York, 1996, quien realizó un estudio minucioso y muy bien documentado de la historia de la comunicación corporativa. Lo que viene a continuación es un resumen de una pequeña parte del libro. En posts sucesivos, volveré a este autor para hablar de otros aspectos de la comunicación.

Stuart Ewen señala que en las primeras décadas del siglo XX, las grandes corporaciones norteamericanas querían frenar el impulso de la prensa progresista, neutralizar el descontento de la clase obrera y manipular la opinión pública hacia sus intereses, que eran fundamentalmente: favorecer la creación de grandes monopolios, cambiar la imagen de las grandes corporaciones para convertirles en “friendly giants”, modificar las leyes antimonopolio y desprestigiar el pago de impuestos.

Para dar forma a aquella inquietud y poner en marcha una campaña a favor de sus intereses, la National Association of Manufactures (NAM) de EE.UU, lo que sería la CEOE en España, diseñó en 1936 un plan estratégico de comunicación con los siguientes objetivos:

1) Difundir la idea de que existe una armonía de intereses que une la América corporativa con la mayoría los estadounidenses. Un elemento esencial para conseguirlo consistía en utilizar las técnicas de relaciones públicas para provocar de forma inconsciente asociaciones mentales entre el principio económico de “libre empresa” y el principio político de “democracia.” Como se señaló en la Conferencia de Relaciones Públicas de NAM 1939, la tarea consistía en “unir el concepto de libre empresa en la conciencia pública con el concepto de la libertad de expresión, prensa libre y libertad religiosa como parte integral de la democracia”.

2) Reconducir el pensamiento de la opinión pública acerca de los impuestos.

3) Hacer frente al problema molesto de los trabajadores organizados, es decir, el movimiento obrero.

4) El cuarto objetivo más ambicioso, y tal vez el más importante de todos, fue la batalla sobre la idea del futuro de EE.UU. (…) Para ello, en primer lugar, la NAM tendrían que proyectar imágenes del futuro en el que la industria capitalista, no el gobierno, era el verdadero motor del cambio, y en segundo lugar, como había muchos jóvenes estadounidenses que se inclinaban hacia la izquierda, era importante hacer un esfuerzo especial para llegar a generaciones venideras. “Los graduados de la escuela secundaria y la universidad de hoy darán forma a la futura estructura económica y social de nuestro país, y decidirán de qué manera será Estados Unidos”, se explicaba en un folleto de 1936 de la oficina regional de Detroit de la NAM. Con tanto en juego, otra publicación de la NAM publicaba que los programas escolares, diseñados para impresionar a “las mentes juveniles en la etapa formativa,” serían indispensable.

Estos objetivos estratégicos, que están extraídos de las actas de las reuniones de la NAM, por parte de Stuart Ewen, se sintetizan en el cuadro que se puede descargar aquí.

Si nos fijamos, los documentos datan de finales de los años 30, justo antes de la II Guerra Mundial y casi al final de la Gran Depresión, cuando gracias a la política del Presidente Roosevelt y las medidas económicas de Keynes, se consiguió recuperar al país de una de las peores crisis de su historia. Sin embargo, las grandes corporaciones, tímidas en los primeros años de la Gran Depresión, enseguida quisieron recuperar su poder y legitimar sus intereses para convertirlos en los intereses de todos los ciudadanos.

No podemos constatar de que en los últimos años se haya producido un plan estratégico de comunicación similar al que acabamos de describir -quizá el discurso está tan asumido que no hace falta-, pero el control que las grandes corporaciones ejercen en todos los ámbitos de la sociedad y la política a través de los medios de información parecen que nos viene a dar la razón.

3 comentarios

Archivado bajo Comunicación

3 Respuestas a “Todo comenzó hace casi cien años en EE.UU.

  1. Totalmente de acuerdo, Carlos, con tu planteamiento (y con el de Ewen). Esa especie de admisión planetaria de lo que hemos llamado “ideología neoliberal” -bajo la que se oculta un determinado modo de estar en sociedad y de orientar nuestros comportamientos de producción y de consumo- oculta en su base un vasto ejercicio de manipulación ideológica del cual los media y la publicidad han sido, de modo coordinado, los principales instrumentos. Al margen del libro que citas, Ewen es autor de otra importante obra tampoco traducida al castellano (Captains of Consciousness, McGraw-Hill, 1977) en la que analiza cómo, en la misma época a la que tú te refieres, las grandes corporaciones estadounidenses fabricaron vía publicidad comercial lo que Baudrillard ha denominado por su parte “consumidor/fuerza productiva”, en cuanto tipo de individuo capaz de amoldar su comportamiento económico a los postulados de aquella “ideología neoliberal”, mucho antes de que este término existiera y sin ser en absoluto conscientes de lo que estaba haciendo.
    Un abrazo,
    Antonio

  2. Abundando en lo que dice Carlos al final de su comentario, no me resisto a copiar el siguiente párrafo del libro de John Kampfner “Libertad en venta”, recién publicado en España por Ariel y perteneciente al extracto que publicó el suplemento “Domingo” de El País en su edición del 13 de febrero: «Estos veinte años de creación de riqueza globalizada [desde caída muro de Berlín y fin de la “alternativa comunista”] han transformado el concepto de libertad en gobiernos e individuos. La libertad sublime es la económica: ganar dinero, conservarlo y consumir. El resto de las libertades se han sometido a este fin; tenemos hasta dirigentes políticos que incitan a ir de compras como deber patriótico. Esto, combinado con internet y otros avances tecnológicos, creó una homogeneidad cultural sin precedentes. Los súper ricos, los bastante ricos y los aspirantes a ricos, ya sea en San Petersburgo, Shanghái, São Paulo o South Kensington, empezaron a habitar un mundo uniforme con los mismos diseñadores., las mismas marcas, las mismas redes sociales cibernéticas y las mismas herramientas de comunicación, los mismos coches deportivos y los mismos destinos vacacionales. Había nacido un conformismo cultural, unma mentalidad gregaria que brindaba un entorno fácil para que los poderosos actuasen a sus anchas».

  3. Pingback: “The Century of the Self”, o cómo convirtieron a los ciudadanos en consumidores | Carlos García Conde

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